Una tecnología que permitió cultivar en la Antártida ahora se adapta para que familias puedan producir sus propios vegetales frescos en espacios pequeños y sin depender del clima.
La idea de cultivar alimentos en el balcón de un departamento ya no parece ciencia ficción: investigadores del INTA y de la Universidad Nacional de La Matanza trabajan en un módulo hidropónico compacto y accesible, pensado para uso doméstico. Este sistema, inspirado en el Módulo Antártico de Producción Hidropónica (MAPHI), condensa tecnologías diseñadas para condiciones extremas en un producto más sencillo de manejar y eficiente.
A diferencia de las huertas tradicionales, el módulo hidropónico controla variables como temperatura, luz y nutrientes sin depender del clima exterior, lo que permite garantizar la producción de vegetales en cualquier estación del año. Además, incorpora sensores y sistemas de monitoreo que facilitan su uso incluso para quienes no tienen experiencia en cultivos.
El proyecto se encuentra en etapa de transición entre prototipo y producto. Los equipos trabajan en estudios de mercado, planes de negocio y el desarrollo de una interfaz intuitiva para controlar el módulo desde el celular, con el objetivo de llevar esta tecnología al público general.
La iniciativa forma parte de una convocatoria de desarrollo tecnológico y social apoyada por el Consejo Interuniversitario Nacional y la Unión Europea, con la meta de que soluciones pensadas para entornos extremos puedan mejorar la vida cotidiana en las ciudades.







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