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Un informe sectorial detalla el complejo panorama internacional para el aceite de girasol, marcado por la volatilidad económica y los cambios en los hábitos de consumo.

El comercio internacional de aceites vegetales atraviesa una etapa de reconfiguración que afecta directamente a los exportadores locales de girasol. El análisis técnico resalta las dos caras del mercado mundial de aceite de girasol, donde por un lado existe una demanda sostenida en los mercados emergentes de Asia, mientras que en Europa se observa una tendencia hacia la sustitución por alternativas más económicas. Esta dualidad genera una volatilidad en los precios internacionales que obliga a los productores argentinos a ser muy cautelosos en sus estrategias de liquidación de granos. Argentina continúa siendo un jugador fundamental en la oferta global, pero debe enfrentar la competencia creciente de los países de la región del Mar Negro. La infraestructura logística y los costos de flete marítimo son los principales desafíos para mantener la competitividad del producto nacional en las góndolas del exterior. Además, las nuevas normativas ambientales de la Unión Europea imponen estándares de trazabilidad que exigen inversiones adicionales en toda la cadena productiva. Los expertos sugieren que la clave para sostener la rentabilidad estará en la diversificación de mercados y en el agregado de valor en origen. Se espera que durante el transcurso de 2026 se estabilicen los flujos comerciales una vez que se definan las nuevas cuotas de importación en los países del hemisferio norte.

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