El uso de especies resistentes a las altas temperaturas está permitiendo una expansión productiva sin precedentes en las zonas semiáridas del Chaco.
La ganadería argentina encuentra un nuevo motor de crecimiento en las regiones del norte gracias a la adopción de tecnologías forrajeras de vanguardia. Un informe detallado destaca que en materia de forrajes la ganaderia se fortalece en el Chaco semiarido de la mano de las gramineas megatermicas, especies diseñadas para producir una gran cantidad de biomasa bajo condiciones de calor extremo y escasez hídrica. Estas pasturas, como el Gatton Panic, han transformado montes improductivos en sistemas de cría y recría con altos estándares de eficiencia. Los productores chaqueños han logrado aumentar la carga animal por hectárea gracias a la mayor disponibilidad de alimento de calidad durante gran parte del año. El uso de gramíneas megatérmicas no solo asegura la nutrición del rodeo, sino que también contribuye al control de la erosión del suelo en terrenos vulnerables. La integración de estas pasturas con el monte nativo, bajo sistemas de manejo silvopastoril, permite una producción sustentable que respeta el medio ambiente. Las capacitaciones brindadas por instituciones técnicas han sido fundamentales para que los colonos aprendan a manejar adecuadamente los tiempos de pastoreo y descanso de las especies. Este desarrollo productivo está atrayendo inversiones a la región, mejorando la infraestructura rural y generando empleo genuino en las comunidades locales. La ganadería en el Chaco semiárido ya no es vista como una actividad marginal, sino como un pilar fundamental de la agroindustria regional. Se espera que la superficie implantada con estas gramíneas continúe creciendo en los próximos ciclos, consolidando al norte como un polo exportador de carne. El desafío ahora es mantener la calidad forrajera mediante el manejo de la fertilidad de los suelos.






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