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Ayer se congregaron en la Cámara Baja representantes de distintos segmentos de la industria yerbatera, cada uno con demandas contrarias respecto del futuro del sector. El encuentro puso en evidencia las fracturas que atraviesan la cadena productiva.

Desde el lado de los cultivadores llegó un pedido explícito: restituir al INYM las funciones que alguna vez ejerció. Estos productores argumentan que la ausencia de regulación favorable los deja en inferioridad de condiciones frente a molineros y comerciantes de mayor escala, erosionando sus márgenes económicos.

Los molineros presentaron una tesis alternativa: que la desregulación es lo que necesita el sector para prosperar. Sostienen que marcos normativos rígidos los inhabilitan para competir adecuadamente y que requieren flexibilidad para desarrollar sus operaciones.

Misiones y Corrientes dependen significativamente de la yerba mate. Esta actividad ocupa miles de personas en distintos niveles de la cadena, pero la falta de acuerdo entre actores clave debilita la industria globalmente.

La tensión de fondo refleja una realidad estructural: los productores temen la desaparición o la transformación en proveedores marginales si no existe regulación que contenga la concentración del mercado. Los molineros, por su lado, experimentan restricciones que dificultan su crecimiento y acceso a nuevos mercados.

Legisladores escucharon con atención. Algunos enfatizaron el riesgo de que decisiones unilaterales favorezcan a un sector perjudicando al otro, con consecuencias potencialmente catastróficas para la economía regional.

Se anticipan proyectos legislativos en las semanas próximas. El objetivo será hallar equilibrios que permitan a productores mantener rentabilidad y a molineros operar competitivamente, mientras se preserva la relevancia del sector yerbatero en la estructura económica nacional.

Imagen: Oziel Gómez / Pexels – Con informacion de Clarín Rural

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