Una jornada técnica realizada en Santa Fe puso a prueba diferentes metodologías de aplicación de agroquímicos en el campo, cuestionando directamente las prácticas más comunes en la agricultura argentina.
El evento, enfocado en buenas prácticas agrícolas, incluyó demostraciones con variadas tecnologías: desde drones y aviones hasta maquinaria de aplicación terrestre. Cada una de estas herramientas fue utilizada para evaluar cómo se comportan los productos químicos cuando se aplican en distintos volúmenes.
Los conclusiones que extrajeron los organizadores van contra corriente de lo que muchos productores han practicado durante años. Según lo que se pudo corroborar, alcanza con aplicar 15 litros de agroquímicos por hectárea para obtener resultados óptimos, siempre que esa aplicación respete ciertos estándares técnicos y no sea realizada de forma negligente.
Los responsables del evento afirmaron haber identificado tres conceptos fundamentales que desafían paradigmas muy antiguos en la actividad agrícola. El primero se refiere justamente a que las máximas calidades se logran con volúmenes menores a los tradicionales.
Esta información resulta revolucionaria para un sector acostumbrado a la idea de que «más producto es más seguridad». Las pruebas de campo demostraron que esa lógica es incorrecta cuando se cuenta con equipamiento adecuado y aplicadores capacitados.
Las consecuencias de estas conclusiones son significativas. Económicamente, los productores podrían reducir sus gastos en insumos químicos. Ambientalmente, se disminuiría la carga de agroquímicos dispersados en el suelo y el agua. Técnicamente, se abriría camino a un cambio cultural en las prácticas de aplicación.
El desafío ahora es que estos resultados logren traducirse en cambios reales en el campo, capacitando a aplicadores y convenciendo a productores de abandonar métodos tradicionales en favor de técnicas más precisas y económicas.
Imagen: Magda Ehlers / Pexels – Con informacion de Bichos del Campo







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