Cuando Huenu Mastronardi llegó a Trevelin hace once años, no sabía que estaba iniciando una transformación radical de su existencia. Su encuentro con Carlos, un apicultor con décadas de experiencia, fue la llave que abrió una puerta hacia un mundo completamente diferente al que conocía.
La apicultura fue el primer paso. Aprender a trabajar con abejas, a entender sus ciclos y sus necesidades, representó un desafío fascinante. Pero desde ese punto inicial, el proyecto fue creciendo naturalmente hacia otras direcciones. La chacra se fue estructurando como un emprendimiento integral que hoy combina varias líneas de trabajo productivo.
La producción de miel sigue siendo central, pero ahora convive con una huerta cultivada con dedicación, con la elaboración artesanal de productos deshidratados y con la apertura a visitantes que desean conocer cómo funciona este estilo de vida rural. Esta última dimensión es particularmente importante porque transforma a la chacra en un espacio de encuentro y aprendizaje.
Lo notable de esta historia es cómo Huenu logró hacer una transición desde una profesión vinculada a la psicología hacia una vida práctica, enraizada en el trabajo físico y en el contacto directo con la naturaleza. No fue un cambio menor: implicó abandonar ciertos patrones, adquirir nuevas habilidades y adaptarse a ritmos distintos.
Once años después, su proyecto está consolidado. La chacra existe como prueba viviente de que es posible construir una vida significativa lejos de los centros urbanos, con trabajo genuino, con comunidad y con una conexión auténtica al territorio. Huenu y Carlos demostraron que existe un camino alternativo, viable y gratificante.
Imagen: Burak Bahadır Büyükkılınç / Pexels – Con informacion de Bichos del Campo






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