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La expansión del cultivo responde a su capacidad de adaptación frente al déficit hídrico y al creciente interés de la industria, factores que impulsan un aumento sostenido de la superficie sembrada.

El Girasol atraviesa una etapa de crecimiento dentro de los esquemas agrícolas argentinos, impulsado por su capacidad de adaptación y su buen desempeño en contextos de variabilidad climática. Productores y especialistas destacan que el cultivo volvió a ocupar un lugar estratégico dentro de las decisiones productivas en distintas regiones del país.

Durante la campaña 2025/26, la superficie sembrada con girasol superó las 3 millones de hectáreas a nivel nacional, mientras que la producción estimada alcanzó las 7,2 millones de toneladas. Estos números reflejan una expansión sostenida del cultivo y una mayor participación dentro de las rotaciones agrícolas.

El avance del girasol también está asociado a su resistencia frente al déficit hídrico y al interés de la industria por la demanda de aceite y subproductos. En regiones como el norte de Santa Fe, el cultivo gana protagonismo como alternativa productiva por su estabilidad y capacidad de adaptación a diferentes condiciones ambientales.

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