Los créditos en dólares alcanzaron proporciones relativas al volumen de depósitos que no se registraban desde hace cuatro años. Esta escalada ocurre en un contexto donde el Gobierno ha flexibilizado regulaciones para promover el financiamiento en moneda extranjera como motor alternativo de la economía, ante las dificultades que enfrenta el crédito en pesos.
La lógica detrás de esta decisión es accesible: si el sistema crediticio en pesos no logra inyectar liquidez ni financiar inversiones, el dólar se perfila como una salida. Así, se busca destrabar proyectos, consumo e inversión que de otro modo quedarían suspendidos.
Las ventajas son evidentes para quienes demandan crédito. Empresas medianas encuentran vías de financiamiento, emprendedores acceden a capital de trabajo, consumidores pueden diferir compras. Todo esto sin que estas transacciones migren hacia sectores informales ni queden simplemente canceladas.
Pero la otra cara de la moneda presenta desafíos formidables. Los deudores en dólares cargan con un riesgo de cambio que puede volverse insoportable. Si el peso cae, sus obligaciones en términos de moneda local se agrandam. Para sectores que no generan ingresos en dólares, esto es una espada de Damocles permanente.
¿Será este ratio un punto de inflexión o seguirá trepando? Los analistas señalan que depende de múltiples factores: la estabilidad del tipo de cambio, la percepción sobre la solidez macroeconómica, el acceso a dólares en el mercado y, crucialmente, la capacidad real de repago de los deudores.
El Gobierno está eligiendo una ruta que ofrece alivio inmediato pero plantea interrogantes sobre la durabilidad del modelo. Una estrategia que funciona en el corto plazo puede convertirse en una bomba de tiempo si no se acompaña con convergencia macroeconómica sostenida y gestión prudente de las divisas.
Imagen: https://kaboompics.com/ / Pexels – Con informacion de Ámbito







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